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Vuelta a la rutina tras Navidad: expectativas, propósitos y realidad



Después de las fiestas de Navidad llega enero, y con él la vuelta a la rutina. Para muchas personas este momento viene acompañado de una mezcla de sensaciones: cansancio, cierta tristeza, presión por empezar “bien” el año y una lista mental de propósitos que parece obligatoria.


Lejos de ser una falta de motivación, este malestar tiene mucho sentido.


Cuando la rutina vuelve… y el cuerpo lo nota


Durante las fiestas se alteran los horarios, cambian las dinámicas familiares y sociales y se rompe la estructura habitual del día a día. Volver de golpe a las obligaciones, al trabajo o a las responsabilidades puede generar:


  • Sensación de agotamiento

  • Falta de concentración

  • Irritabilidad o apatía

  • Dificultad para retomar el ritmo

  • Pensamientos de exigencia o autojuicio


No es que estés haciendo algo mal: tu cuerpo y tu mente están readaptándose.


Propósitos de Año Nuevo: ¿ilusión o presión?


Enero suele venir cargado de mensajes sobre empezar de cero, mejorar, cambiar hábitos y “aprovechar” el nuevo año. Aunque tener objetivos puede ser positivo, a veces los propósitos se convierten en una fuente de presión añadida.


Frases como “este año tengo que…” o “debería estar más motivado” pueden generar frustración cuando la realidad emocional no acompaña.


No siempre es el momento de grandes cambios. A veces, el primer paso es simplemente ajustar expectativas.


Expectativas poco realistas y malestar emocional


Después de unos días de descanso o desconexión, es habitual esperar volver con energía, claridad y motivación renovada. Cuando eso no ocurre, aparece la sensación de decepción.


La vuelta a la rutina no tiene por qué ser inmediata ni perfecta. El equilibrio suele recuperarse de forma progresiva, no en los primeros días de enero.


Cómo afrontar este momento de forma más amable


Algunas pautas que pueden ayudar en esta etapa:


  • Retomar la rutina poco a poco, sin exigirte rendir al máximo desde el primer día

  • Revisar los propósitos desde la realidad actual, no desde la ideal

  • Priorizar el descanso y los horarios regulares

  • Escuchar cómo te sientes sin juzgarte

  • Permitir que enero sea un mes de adaptación, no de resultados


Cuidar la forma en que te hablas en este momento es tan importante como cualquier objetivo que te plantees.


¿Y si la vuelta se hace cuesta arriba?


Si el malestar se mantiene, aparece ansiedad, bajo estado de ánimo o una sensación persistente de desbordamiento, puede ser útil parar y pedir ayuda. A veces, el inicio del año pone sobre la mesa dificultades que ya estaban ahí, pero que durante las fiestas quedaban en segundo plano.


La terapia puede ofrecer un espacio para entender qué te está pasando y cómo afrontar esta etapa con mayor claridad y apoyo.


Para terminar


No todos los comienzos de año se viven con entusiasmo, y eso no dice nada negativo de ti. Volver a la rutina tras Navidad es un proceso, no una prueba que haya que superar.


Escucharte, ajustar expectativas y avanzar a tu ritmo también es una forma válida —y saludable— de empezar el año.

 
 
 

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